Final Cut Pro X, hay quien nace con estrella...
Para bien o para mal, lo cierto es que Apple no deja indiferente prácticamente a nadie en muchas de sus decisiones y, especialmente, si tales decisiones forman parte de una bien hilada estrategia. Ahora, como no, es el turno de que Final Cut Pro X recorra su particular calvario. Y es que la última versión del software de edición de vídeo no lineal está levantando quizá más ampollas de las previstas. Esta es mi opinión sobre todo el asunto.
Cuestión de herencia
Tal y como ocurre cuando el hijo recibe el nombre de un pariente que ha dejado huella, éste pierde su identidad y queda ensombrecido por los logros de su antecesor; tal y como parece ocurrirle al recién nacido Final Cut Pro, quién carga con una pesada herencia (¡y no sólo por lo voluminoso del anterior Final Cut Studio!).
Y es que el nuevo Final Cut Pro X puede verse más como una evolución de iMovie que del propio Final Cut Pro 7; sin olvidar a todo esto la paradoja de que en su día fue el propio iMovie quien levantó su cuota de polémica debido al radical cambio en la interfaz, características y filosofía de uso de iMovie.
Aparquemos iMovie por un momento y volvamos a Final Cut Pro X, donde como parte del cambio radical en interfaz y giro en las características que ofrece, Apple parece dejar claro algo desde el principio: el mercado netamente profesional, que requiere todas y cada una de las características del producto tal y como lo conocíamos, es mucho más reducido que el de la gran cantidad de usuarios que necesitan editar vídeo de forma ocasional, sin una excesiva complejidad en el manejo del producto, o bien con una salida final más en consonancia con el giro lógico que está tomando el actual consumo de información: no sólo digital, sino a través de Internet.
Esta idea parece cobrar también más peso aun si pensamos que desaparece Final Cut Express, siendo éste el producto que venía ocupando hasta ahora el hueco existente para aquellos a quienes iMovie se les quedaba pequeño, pero Final Cut Studio resultaba a todas luces un producto demasiado intimidatorio (y caro, para cual presupuesto que no sea el de una productora asentada).
Por supuesto, tal y como la propia Apple deja claro, esto no significa que no vayan a cubrir las necesidades de lo que podríamos denominar como usuarios “Top”; y de hecho sería bastante raro teniendo en cuenta que el “jefe” tiene bajo su ala uno de los mejores estudios en películas de animación, ¿no?
Para calmar las aguas en la medida de lo posible, se puede consultar en la web de Apple el FAQ (Respuestas a las Preguntas más Frecuentes), cuáles son los planes a corto y medio plazo sobre las características que ahora no están, pero estarán; y también sobre las características que dejarán de ser implementadas directamente por Apple pero para las que existen soluciones de terceros.
Ahora bien, Apple siempre mira hacia delante en el uso de las tecnologías y no le duele prendas ir dejando en la cuneta aquellas que, en su criterio, van teniendo en su histórico más recorrido que camino por recorrer: el disquete, SCSI, NuBUS, monitores CRT… ¿cinta?
Tal y como me indicaba un conocido recientemente, parece ser que todas las productoras actuales deben de entregar sus materiales en cinta (aquí, en España); pero, en serio, ¿cinta? No dudo que los estudios y cadenas deban de amortizar los costosos equipos y más aun en los tiempos que corren; pero sólo hay que mirar las últimas estadísticas (ya no las de hace dos años, sino las actuales) para ver cuáles son nuestros hábitos de consumo... y creo que la cinta está condenada a desaparecer como eslabón del proceso en la creación y distribución de contenidos audiovisuales.
Construir, a veces, implica renunciar
Final Cut Pro 7 (y el resto de aplicaciones de la suite Studio) no eran perfectas, ¿verdad? Siempre echábamos en falta algo más de rendimiento, la posibilidad de exprimir cada uno de los bytes de memoria en nuestros equipos y un motor de renderizado unificado entre todas las aplicaciones de la suite (por no hablar de una gestión de color adecuada).
Final Cut Pro X es la respuesta a muchas de estas plegarias, y no sólo porque represente un salto notable en el aprovechamiento del hardware de los equipos incluso más antiguos, sino porque hace algo también fundamental: simplifica al máximo la edición de vídeo.
Conozco QuickTime y todo lo que se ha ido asentando sobre dicha tecnología sobre sus orígenes. He escrito varios artículos y Especiales Macworld sobre Final Cut Pro (ciertamente, muchas otras personas también han recorrido el mismo camino), y siempre he creído que si bien la filosofía del editor “encajaba” con lo que se esperaba que fuese un editor, también dificultaba el acceso al producto a todos aquellos que no estuviesen curtidos ya en cien batallas y hubiesen llegado a la era digital desde la edición lineal o no lineal, cuando Final Cut Pro ni tan siquiera estaba en escena, y sí otros productos (léase Premiere) cuyas interfaces ocupaban las estructuras mentales de quienes debían (debíamos) editar.
Ahora mismo, la interfaz del nuevo Final Cut Pro X representa una jugada maestra de Apple, y no sólo porque proporcione más claridad (y flexibilidad) para llegar al resultado que busquemos durante el montaje, sino porque supone la evolución lógica para todo aquél que haya mamado desde el primer día el gratuito iMovie preinstalado de serie en cada uno de los equipos del fabricante. La conclusión lógica es que cuando a dichos usuarios se les quede corto iMovie, entonces la evolución lógica y sin traumas pasará por Final Cut Pro X, mientras que las interfaces, características y filosofía de uso de otras aplicaciones de edición de vídeo requerirá un aprendizaje desde la base.
Curiosamente, también conviene tener en cuenta que cada vez es más borrosa la línea que divide el terreno del vídeo y de la fotografía, a lo que contribuye no sólo nuestras propias inquietudes sino las prestaciones que podemos obtener ya no sólo con las cámaras fotográficas más económicas, sino también de las Réflex y otros productos que siempre llevamos en el bolsillo o mochila (léase teléfono móvil inteligente y tableta).
Y no resulta menos curioso comprobar como Final Cut Pro X se ha impregnado con algunas características que, hasta ahora, sólo veíamos en otras aplicaciones de la compañía, tales como iPhoto o el (en mi opinión) magnífico Aperture: desde la capacidad de asignar etiquetas a selecciones de clips, hasta el Lift & Stamp que ahora nos permite (con otros nombres) realizar una concordancia de color/tonalidad y saturación entre diferentes clips de vídeo. Sólo hay que verlo para quedarse con la boca abierta y, lo mejor de todo, pensar en la cantidad de tiempo que esa simple acción puede ahorrar durante el proceso de edición de un proyecto. Es decir, Final Cut Pro X también resultará un producto más familiar para quienes se introduzcan en la edición de vídeo desde iPhoto, Aperture y otras aplicaciones afines en las que se manejan conceptos y herramientas similares.
Vivimos en la era de la información
Pese a todas las carencias, que las tiene, limitaciones, que también, y el hecho de que algo para mi tan imprescindible como el potente Compressor 4 no forme parte del “paquete” Final Cut Pro X, o el hecho de que sólo pueda instalarlo en equipos con Mac OS X 10.6.7 o posterior, personalmente creo que Final Cut Pro X es un excelente producto, y más aun si pensamos en que tal y como es norma en todo lo que llega a nuestros equipos a través de la Mac App Store, podemos confiar en que las sucesivas actualizaciones serán gratuitas y cada una de ellas irá añadiendo y completando las piezas que ahora mismo quizá echemos más en falta.
Sin embargo, y desde el respeto que me merecen todas las opiniones, lo que no acabo de comprender del todo es como alguien puede comprar un producto para a continuación sentirse defraudado porque no es lo que esperaba o bien cumplía sus expectativas. Más aun teniendo en cuenta que muchas de estas opiniones provienen de usuarios que ya están utilizando Final Cut Pro 7 (compatible no sólo con más versiones del sistema operativo pasadas, sino también el futuro Lion y hardware de terceros) y pueden continuar utilizándolo junto con el nuevo Final Cut Pro X; si bien es cierto, y a esto habría que buscarle algún tipo de solución, que no podrán intercambiar los proyectos entre una y otra versión del producto.
Quizá aquí el problema haya sido una falta de acierto por parte de Apple a la hora de proporcionar desde el principio y a través de la página de producto una información más detallada y completa sobre lo que hace el producto y, especialmente, lo que no hace (si bien esto último contradice de raíz toda regla del marketing, aunque es precisamente lo que se está haciendo ahora para mitigar aun más en lo posible el revuelo).
Otra posibilidad es que los usuarios pudiesen descargar una versión Trial del producto tal y como se podía hacer antes de la llegada de la Mac Apple Store con el propio Aperture, iWork y otras aplicaciones.
¿Quizá sea el momento de publicar un Final Cut Pro X Trial?
En cualquier caso, en Macworld ya estamos preparando un completo artículo sobre todas las posibilidades de Final Cut Pro X que podrás leer en el próximo número de septiembre
RSS







Buen análisis. Hay gente
Buen análisis. Hay gente que no sabe lo que ha comprado y Apple podía haber dado mucha más información.
Enviar un comentario nuevo(Los comentarios son moderados, aparecerán aquí en un breve espacio de tiempo. Gracias por su comprensión.)