¡Suerte, Bill Gates!

Bill Gates deja Microsoft. Abandona la compañía en la que lo ha sido todo y lo deja para dedicarse a la fundación que creó junto a su mujer y por la que fue premiada con el Premio Príncipe de Asturias. Y en su adiós profesional creo que es justo rendirle el homenaje que se merece.

Como todos, Gates ha cometido errores. En estos últimos tiempos se le acusa desde diferentes frentes de no haber sabido adaptarse a los nuevos aires que impone Internet. Se le acusa de querer trasladar su “monopolio” en los sistemas operativos personales a otras esferas de la vida tecnológica. O de fallar a la hora de hacer aplicaciones seguras y que satisfagan las necesidades de los usuarios. Y es cuanto más arriba se asciende en la montaña, más fuerte sopla el viento.

Pero, pese a todos esos errores (quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra), a Gates hay que reconocerle que cambió el modo en que todos utilizamos la tecnología. Si fue un plagio del sistema operativo de Apple o no es algo que siempre quedará en la rumorología popular (porque, hasta donde yo sé, ningún tribunal ha sentenciado que sea así). Pero es innegable que su visión de organizar un ordenador mediante ventanas nos facilitó la interacción con estas máquinas y abrió un mundo nuevo. Y Windows 95 fue la estocada final. Nada es lo mismo desde entonces. Será mejor o peor; tendrá sus defectos y virtudes; pero no podemos entender la informática y su evolución, tanto a nivel personal como profesional, si no es de la mano de Windows.

Tres cuartas partes de lo mismo ocurre con Office. Para muchos, había aplicaciones ofimáticas mucho mejores, como WordPerfect de Corel como procesador de textos o Lotus 1-2-3 de IBM como hoja de cálculo. Pero Microsoft ha sido la única en conseguir unir en un mismo paquete estas diferentes herramientas y convertirlas en un estándar de facto. Si las estrategias empleadas para ello han sido las más honestas y correctas deben ser objeto de otro debate.

Pero ahora que Bill Gates dice adiós, puede echar la vista atrás y, sin duda, sentirse satisfecho de todo lo logrado. Ha conseguido que la tecnología sea más fácil para todo el mundo y, ahora que la interoperabilidad y los estándares están tan en boga, congratularse de que todo el mundo pueda leer y escribir un documento Word, Excel o PowerPoint. Habiendo incluso alternativas en el mercado.

Caiga mejor o peor, creo que la industria de Tecnologías de la Información debería dejar a un lado sus diferencias y rendirle tributo a Bill Gates por todo lo que ha hecho. Y, además, no hay que olvidar que, pese a todas las dificultades que ha atravesado (especialmente en estos últimos tiempos), Bill Gates tiene sentido del humor y protagonizó un famoso y divertido video en el que ironizaba sobre cómo iba a ser su vida tras Microsoft.

Bill Gates se va, además, para hacer algo que es digno de alabanza: la ayuda a los demás.

Así pues, por todo ello, gracias, Bill… y ¡suerte!

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