Pónganse en el lugar de Steve Jobs, el máximo directivo de Apple. Está usted malo, lo sabe. Sabe que le pasa algo porque está perdiendo mucho peso pero los médicos no son capaces de averiguar qué le pasa, qué le hace perder peso y masa corporal. Análisis y más análisis y nada, no se consigue averiguar nada. Y mientras, la gente, los medios de comunicación, los bloggers, especulando sobre qué le pasa. Incluso rumoreando que se muere. Y seguir sin saber qué le pasa. Para volverse locos.
O para mandar a todo el mundo a freír espárragos, por decirlo de manera educada.
¿Debe comunicar el máximo jefe de una empresa que está delicado de salud? Pues sinceramente creo que no. Como muchos ciudadanos, seguramente todos los responsables de las compañías se someterán a reconocimientos médicos anuales, tal y como recomiendan las autoridades sanitarias. ¿Deben acto seguido comunicar los resultados de esos chequeos? ¿Decir si tienen anemia? ¿Si se les ha producido una subida de azúcar o si tienen la tensión alta? Pues no creo, la verdad. Entre otras cosas porque la salud y todo lo relacionado con ella es una de esas informaciones que se consideran de carácter eminentemente privado, personal y, por tanto, confidencial.
El problema es cuando todos estos comentarios hacen volverse loco al mercado y provocar incluso una bajada en el precio de las acciones de tu compañía. Cosa que Apple ha padecido en sus propias carnes.
Increíble, pero cierto.
Así las cosas, pónganse de nuevo en la piel de Steve Jobs… pues seguramente, y tal y como ha tenido que hacer, escriban una carta aclarando su estado de salud y, tal y como el mismo Jobs explica, “compartir algo muy personal”. La primera y la última vez que hará algo parecido pues, como él mismo aclara, “sería el primero en decirle abiertamente al consejo directivo de Apple si no pudiera continuar con mis labores”.
Caso cerrado, pues. Jobs está enfermo, sí; pero no se muere. Podremos rumorear y especular sobre lanzamientos de nuevos productos, pero que la salud de una persona no sea motivo de tantos dimes y diretes. Tanto criticar Aquí Hay Tomate y telebasura parecida y, al final, el amarillismo está por todas partes.













Y dio yo, ¿a quién le
Y dio yo, ¿a quién le importan los temas privados de los directivos de las compañías? A mí qué me más me da que Jobs esté enfermo, se acueste con su secretaria, sea homosexual, use pantuflas o duerma desnudo... El amarillismo es lo peor de la profesión periodística, esperemos que no os contamine también a vosotros.
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